Al volver de Tierra Santa, Benedicto XVI  hablando de sus impresiones, dijo: “ …hay grandísimas dificultades, lo sabemos, lo hemos visto y escuchado. Pero también he visto un profundo deseo de paz por parte de todos. Las dificultades son más visibles y no debemos esconderlas: existen y deben ser aclaradas. Pero no es tan visible el deseo común de paz, de fraternidad, y me parece que tenemos que hablar también de eso, animar a todos en esta voluntad para encontrar las soluciones ciertamente no fáciles a estas dificultades”.

¡¡Tenemos que hablar!! lo ha dicho el Papa y nos lo dice con su ejemplo, ¡el Papa valiente, le llaman ahora! Valiente por no callar la verdad.

Si, tenemos que hablar, ¿o no? Primero para que no decaiga el optimismo, ese que sale de saber que muchas cosas caminan por el lado correcto aunque veces “no son tan visibles”. Y segundo para no quedarnos en la queja o el lamento y pisotear el mal,  enmudecerlo ante los gritos devoradores del bien.

Este es el momento en el que el Papa necesita apoyo. ¿Quien sino nosotros se lo vamos a dar? ¡Hablemos!

Hace un par de días que estuve con Marimar y, sinceramente, hoy me cuesta escribir.

Me cuesta poner orden a todo lo que recibí de ella, me cuesta poner nombre a lo que vi en ella y me cuesta pensar en ella sin volver a emocionarme.

Marimar tiene 24 años y estudia Periodismo en la UCM. Lleva desde los 6 en una silla de ruedas por una enfermedad degenerativa que aún no tiene  diagnóstico. Ella dice que acabarán llamándola “la enfermedad de Marimar”.

Siempre admiramos la capacidad que tienen algunos de superarse, de luchar hasta conseguir las metas que se proponen. Pero ver eso en una mujer sentada en una silla de ruedas, que sólo mueve el cuello y la barbilla, que se le complica la salud, a quien le cuesta hablar y a quien hay que hacerle absolutamente todo, es algo excepcional. Marimar ama la vida y no sólo lucha por vivir, lucha por vivirla, por exprimir cada minuto porque sabe que eso es lo seguro y que el mañana es incierto y que el hoy es lo más valioso que tenemos. Marimar no le teme a nada ni a nadie, por eso vive para afuera, “mar afuera”. Afuera para no quedarse a solas con su pena, afuera para darse, para hacer amistades que son firmes porque son desinteresadas, afuera para a yudar a tantos que al acercarse a ella descubren la alegría de dar, y afuera para no callar, para hablar y decir que la propia dignidad sólo se la puede quitar uno mismo cuando se olvida de lo que realmente vale.

Llegué a sentir envidia de Marimar. Envidia por la felicidad que es capaz de transmitir, de aceptarse y quererse y querer lo que le ha tocado. Envidia por el bien que desde esa silla puede hacer a tantos. Sentí envidia y creo que eso es de las cosas grandes que consigue Marimar.

Probablemente la veáis por la UCM, siempre rodeada de amigos y sonriente, muy sonriente.

Hace tiempo que en uno de vosotros me sugirió que leyera ARTE de Yasmina Reza.  He tardado un poco pero lo he leido, y lo he leido de un tirón, aunque tan tan de un tirón que me ha dado miedo no haberlo calado en su profundidad. Pero eso si, lo suficiente como para recomendarlo vivamente.

En sus pocas páginas, ARTE nos abre a un diálogo entre tres amigos:  Sergio, quien se compra un cuadro moderno por una grandísima suma de dinero, Marcos, a quien le parece inconcevible que a Sergio le pueda gustar semejante obra e Ivan, quien intentará con más o menos éxito, calmar las cosas.

Los amigos se debaten en un primer momento por el auténtico sentido del arte y del gusto estético, pero ARTE va más allá. ARTE acaba cuestionando la solidez de una amistad. Refleja como la insinceridad y el disimulo sobre los que se pueden construir algunas relaciones humanas se descubrirán antes o después cuando alguien se de cuenta de que, en realidad, no le quieren por ser quien es, sino por quien se hace ser.

Debajo de una relación que parece inmejorable, se descubren síntomas de la  no aceptación del otro, de desconocimiento de uno mismo y de los demás. Y todo es tan rápido que no hay lugar para palabras comedidas. Se salta a la verdad hiriente, a la verdad que es verdad, pero que no pasa por el cariño de la auténtica amistad que busca ayudar.

Creo que ARTE merece la pena  y siempre será una gran ayuda para cuestionarlos cosas tan importantes como la auténtica amistad.

Desde hace una semana, Martin Luther King, a quien admiro profundamente pero de quien no suelo acordarme todos los días, ha estado como más presente, nose, quizá lo traigan los vientos del otro lado del Atlantico. El caso es que he leído algo que dijo y me ha gustado:

“Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las acciones de la gente perversa, sino de los pasmosos silencios de la gente buena”

Uno, con buen ánimo, puede pararse a pensar. Yo lo que he pensado es que hay gente que no calla, y que su voz hace mucho bien.

Os remito a un video que a mi me ha dejado “tocada” y con un buen regusto porque creo que el mal hace mucho ruido pero el bien, aunque más silencioso a veces, es siempre más eficaz.

Para ver el video pincha aquí.

Hay un proverbio inglés que dice que “cuando apuntes con un dedo recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti”.

Hemos vivido un fin de semana de muertes por culpa del mal tiempo. Pero ahora resulta que la culpa real la tiene el “hombre del tiempo”. A mi esto me da risa aunque lo que se merezca sea llorar. ¡Qué injusta llega a ser la crítica!.

Pero muchas veces somos así.

Hay una ley de Murphy que dice que “cuando las cosas van mal y alguien sonríe, es que ya ha pensado a quien echarle la culpa”. No se si es que eso de asumir las propias culpas o los propios errores nos viene grande. Deberíamos fiarnos más de que sólo conociendo y aceptando la verdad, sea como sea, vivimos más libres, ¡somo más libres! y que viviendo libres somos más felices.

Hay tres dedos que nos señalan a nosotros mismos como queriéndonos recordar que antes de lanzar la mirada a otro, echemos un ojo a ver cómo andamos.

¡¡Y todavía hay quien dice que somos iguales!!

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Es buenííísimo.

El domingo fuí a sustituir a una amiga en un encargo que tenía en la Misa para las familias que el Cardenal Rouco celebró en la Plaza de Colón.

El tema era llevar en una furgoneta a los seminaristas que iban a repartir la Comunión por las distintas partes de la Castellana y alrededores. ¿Cómo llegué a eso? creo que porque no lo pensé, o porque pensé que al fin y al cabo  y prescindiendo de lo demás, era emocionante convertir mi furgoneta en una auténtica Custodia durante una minutos.

Pero no era de esta misión de lo que quería hablar hoy sino de cómo me fui de allí. Sí, en furgoneta, pero con una gran alegría dentro. Lo que allí había a pesar del frío, de las horas de pie, del viaje de 4 ó 5 horas, según… eran familias y familias al completo. Había abuelos y nietos, hijos, tios y padres y pensé que realmente, como nos repetía Monseñor Rouco, el futuro de la humandidad pasa por la familia. No vamos mal.  Creo que a veces el mal nos asusta porque hace mucho ruido, es escandaloso, pero hay mucho bien oculto. Yo lo vi allí. Ví matrimonios cristianos, con muchos hijos o con pocos o con ninguno, pero gente dispuesta formar hogares donde cada persona crezca sabiéndose querida por sí misma y enseñando una libertad que se fortalece  y perfecciona cada vez en la opción por el bien, por el Bien… hogares que sean trampolín para el Cielo.

Lo  pienso porque lo que allí se decía era eso.

Claro que salí contenta.El futuro se ve luminoso.

Hay que aprender a vivir. Cada día hay que aprender a vivir, y eso depende de nosotros.

Lo pensaba estos días de Navidad cuando miraba al Belén, y al Portal y al Niño… y pensaba que quería volver a esas Navidades de la infancia, volver a ser niña, porque pasa que entre los  niños todo es más fácil, más sencillo y hay un idioma común que muchas veces los mayores no entienden.

Es verdad que ya no seremos nosotros los protagonistas de la noche de Reyes, ni caeremos en ese  nerviosismo que nos hacía oir ruidos de camellos en el salón, ni protestaremos cuando los mayores nos manden a la cama en su  fiesta de  Nochevieja. Pero ¿y que?, nos queda el Portal, y nada nos impide acercarnos y mirar.

Podemos mirar ese misterio, esas figuras, ese Niño que nace, un Dios que llora. Mirar el ángel que anuncia siempre su mensaje, día a día, a unos pastores que nunca duermen y que escuchan sin cansancio una y otra vez la Buena Nueva. Y unas lavanderas que no sacan jamás las manos del agua, arrimadas siempre a un río de plata o de cristal o de corcho humedecido. Mirar a  los Magos ofreciendo una y otra vez  los mismos regalos y una y otra vez adoran al Niño…

Hay que aprender a vivir, sí. Pero sobre todo hay que aprender a no acostumbrarse. Aprender que hay ciertas cosas para las que es mejor seguir siendo niño porque hay una lógica que sólo se entiende así.

El caso es crear polémica.

El caso es que ahora venimos con que hay que quitar los Crucifijos, que molestan, que son un agravio y que atacan a la mismísima libertad personal. ¡Qué barbaridad!.

Respeto enormemente a aquel padre provocador de la polémica, como respeto a cada ser humano, pero por ahí no. Ese intento de destruir cualquier símbolo religioso y que además siempre acaban siendo símbolos cristianos, se volverá contra nosotros mismos. Y es que los valores en los que pretendemos educar, en los que creemos y con los que soñamos, esos valores de convivencia y respeto, de libertad y tolerancia, de ayuda al prójimo y esfuerzo por progresar son valores en su raiz  cristianos. Y que tantos siglos de tradición cristiana no pueden erradicarse por cosas así en unos momentos en los que Europa – y por eso España- debe encontrar su propia identidad.

¿Y ahora que? ¿qué va a pasar en el colegio Macías Picavea de Valladolid? ¿harán los niños su Belén, con sus figuritas de cartón o de plastelina?… quizá sí, pero sin Niño, sin María y sin José no vaya a ser… O quizá tengan que cantar unos villancicos distintos, reinventados y que solo hablen de la mula y el buey y de unos pastores que llevan miel a no se sabe quien. ¿Y qué dirán cuando lleguen la vacaciones de Navidad o de Semana Santa, o el día del Inmaculada o de su Patron ¿por qué razón entenderán los niños que esos días no van al cole?…¡En menudo lío nos hemos metido!.

Eso si, la hija de este buen hombre participa en la obra de teatro de navidad, y creo que de Virgen María o por lo menos eso quería.

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