Así titula la exposición sobre Ernestina de Champorcin que el Centro Cultural Conde Duque inauguró el pasado 25 de Enero y que mantendrá hasta el 23 de Marzo.
Conocí a Ernestina cuatro años antes de morir. Tenía 88 años y yo acababa de empezar la Universidad. Teníamos en común el gusto por la poesía y nuestra vocación al Opus Dei, una vocación que yo estrenaba y que ella ya había madurado. Estuvimos hablando largo rato, largo quizá no tanto por el contenido como por la dificultad de su sordera. Hablamos de mi gusto por escribir, de mi obra… la leyó despacio.

      Recibió desde pequeña una importante educación que la convertiría en lo que se llamaba una mujer moderna, con inquietudes políticas y sociales. Conoció a Juan Ramón, quien se convirtió no solo en ” un poeta admirado, sino una especie de compañero de sentimientos y vivencias”. A los 21 años publicó su primer libro, En silencio, y empezó a ser conocida en los círculos culturales de Madrid. Asistía a tertulias literarias con Alberti, Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. En 1927 publicó su segundo libro, Ahora, y se constituyó, según algunos críticos, en la primera voz femenina del grupo poético del 27. Tres años después conoció a un joven poeta, Juan José Domenchina, con quien se casaría. Ese mismo año publicó su poemario La voz en el viento.Cuando llegó la República, participó intensamente en la vida cultural madrileña. Asistía a las tertulias de Baroja y Valle Inclán. Durante aquellos años se fue consolidando su prestigio como poeta.

     Después de la guerra civil, como muchos , se exiliaron a México, donde llegaron el 1 de junio de 1939. Allí comenzó la época de oro de Ernestina. México no solo fue un país que le agradó y donde no le faltó quehacer, sino que allí encontró el verdadero sentido de su vida: descubrió la necesidad de Dios y su vida dio un giro hacia una conversión más profunda a la fe cristina. Desde entonces su obra, que hasta entonces se había volcado en el amor humano, pasará a centrarse en el amor divino. Consciente de la pequeñez del alma y de su miseria sus poemas reflejan siempre un sentimiento sereno y confiado en la misericordia de Dios.
     Creo que por aquel entonces yo no era muy consciente de que aquella viejita diminuta, que apenas me veía y difícilmente me podía oír es considerada como la única voz femenina de la Generación del 27, y yo estuve sentada con ella en el cuarto de estar de su casa…