Como ya he dicho alguna vez vivo en un centro del Opus Dei. A los centros del Opus Dei puede venir cualquiera, cualquiera que quiera recibir lo que ya se sabe que damos: formación cristiana.

El viernes teníamos la actividad de funky con las de 2º de ESO. Me llamaron al movil y fui a buscar un sitio algo más silencioso dando la casualidad de que ya estaba ocupado. Me encontré allí, acurrucada bajo una lámpara a Alejandra, casi poseida

por un libro; sí, sí, “ese” libro: ¡Crepúsculo!. Sin que se me moviera un pelo lo cogí, se lo cerré y me senté con ella. ¡¡Ponte tú a explicarle a una niña de 2º ESO porqué no puede leer Crepúsculo y más cuando está ya enganchada!!! pero lo hice. Hablamos, preguntaba, yo insistía y ella lo negaba y un “¡pues no lo entiendo!” y yo con más ejemplos… Ahí quedó las cosa. Se fue a su casa no se si muy convencida pero yo me quede Crepúsculo y ella a cambio El Ejercito Negro

Ayer me llamó su madre. Alejandra había llegado a casa contenta porque “en el club – decía – hoy me han explicado las cosas sin imponérmelas, sin obligarme,como con cariño”

Cuento esto no por echarme flores porque así es como San Josemaría nos ha enseñado a hacer las cosas, sin imponer nunca, con respeto… Si lo cuento es por Alejandra, es porque una niña de 13 años es capaz de agradecer una ayuda que va sin interés y de captar el cariño que hay detrás del consejo que le cuesta aceptar.

Y que sepáis que ya se ha leido dos tomos de el Ejército Negro