Caminábamos despacio, contemplando y sin prisa, bajo un cielo azul y destellos de sol. Pero aún así fue capaz de llover, no se en que momento pero gracias a eso la luz era más intensa y también por las gotas, perfectas, redondas, tensas que eran cristales de reflejos a todas partes… Y ese olor a jara o a pino o tierra mojada de El Tiemblo, o quizá a todo junto.
Hacíamos foto a todo. A la flor y a los pinos y al ciprés y a nosotras subiendo hasta el mirador desde donde se nos abría imponente el valle del Tietar al que vimos abrazado por montañas de piedra y arbusto… También hicimos fotos de eso y de las nubes acercándose a tapar el sol
Y después, en el Balcón del Tietar, en Pedro Bernardo subiendo, casi trepando por callejuelas, descubriendo encantadores rincones, en un lugar donde el tiempo pasa sólo de puntillas… Y de allí un vídeo quizá.
Y así nos los llevábamos todo. ¿Haría falta volver si todo estaba allí incrustado en una pequeña tarjeta de memoria? ¿qué tiene entonces volver, volver para mirar y a que cada mirada quiera descubrir algo diferente de cada lugar?
Y entonces alguien dijo: “¡Qué pena que no se pueda grabar este olor!”.
Y pensé: “¡Menos mal!“
Marzo 31, 2008 at 4:22 pm
Es verdad… pero tampoco esta nada mal poder guardar todo eso ¿no? si tuviéramos que esperar a poder ir… Yo personalmente me lo perdería
Marzo 31, 2008 at 6:01 pm
Menos mal que alguien dentro de esta prisa que nos consume y que acaba por llevarnos a ninguna parte se dedica a CONTEMPLAR.
Dicen que esa palabreja viene de “andarse con contemplaciones” no sólo ver sino MIRAR. Dentro de ese mirar caben tantas cosas!!!. Pienso que los olores también se pueden “mirar” y la verdad que es una pena que no se puedan GRABAR aunque casi es mejor así porque siempre cabe el VOLVER para seguir contemplando.