El caso es crear polémica.

El caso es que ahora venimos con que hay que quitar los Crucifijos, que molestan, que son un agravio y que atacan a la mismísima libertad personal. ¡Qué barbaridad!.

Respeto enormemente a aquel padre provocador de la polémica, como respeto a cada ser humano, pero por ahí no. Ese intento de destruir cualquier símbolo religioso y que además siempre acaban siendo símbolos cristianos, se volverá contra nosotros mismos. Y es que los valores en los que pretendemos educar, en los que creemos y con los que soñamos, esos valores de convivencia y respeto, de libertad y tolerancia, de ayuda al prójimo y esfuerzo por progresar son valores en su raiz  cristianos. Y que tantos siglos de tradición cristiana no pueden erradicarse por cosas así en unos momentos en los que Europa – y por eso España- debe encontrar su propia identidad.

¿Y ahora que? ¿qué va a pasar en el colegio Macías Picavea de Valladolid? ¿harán los niños su Belén, con sus figuritas de cartón o de plastelina?… quizá sí, pero sin Niño, sin María y sin José no vaya a ser… O quizá tengan que cantar unos villancicos distintos, reinventados y que solo hablen de la mula y el buey y de unos pastores que llevan miel a no se sabe quien. ¿Y qué dirán cuando lleguen la vacaciones de Navidad o de Semana Santa, o el día del Inmaculada o de su Patron ¿por qué razón entenderán los niños que esos días no van al cole?…¡En menudo lío nos hemos metido!.

Eso si, la hija de este buen hombre participa en la obra de teatro de navidad, y creo que de Virgen María o por lo menos eso quería.